Aunque tu no lo sepas, me inventado tu nombre
me drogué con promesas, y he dormido en los coches.
Aunque tu no lo entiendas, nunca escribo el remito en un sobre
por no dejar mis huellas...
Aunque tu no lo sepas, me he acostado a tu espalda
y mi cama se queja, fría cuando tu marchas
he blindado mi puerta y al llegar la mañana, no me di ni cuenta
de que ya nunca estabas...
Aunque tu no lo sepas, nos decíamos tanto
con las manos tan llenas, cada día mas flacos
inventamos mareas, tripulábamos barcos
yo encendía con besos...
el mar de tus labios..
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Mis instintos hechos poesía.
Lectores
lunes, 20 de mayo de 2013
Aunque tú no lo sepas.
domingo, 10 de marzo de 2013
Pasión.
Tócala, no de manera delicada, no como una pieza fina de porcelana. Tócala como una hembra en celo, como una mujer que es deseada.
Tocarla como a un melódico piano en función de media noche hasta hacerla gemir, tocarla porque me encuentro en su piel, porque me llama.
Tócala hasta sentir su humedad en la yema de tus dedos, hasta que sus cuerpos se fundan, hasta distinguir donde comienzas tú y termina ella, hasta que los dos en un grito ahogado se sacien de placeres, que se acaben las ganas.
La toco porque quiero sentirme de ella, y quiero hacerla sentir mía. Entonces, llénate de ella, de la dulce miel que exhala la fruta que hay en su entrepierna, de cada respiración agitada que le provocas al sentirte dentro, al llenarla, llénate de sensaciones que provocas y te son provocadas a su vez. Siéntete de ella y sigue haciéndola sentir deseada, porque ella hace mucho que te pertenece.
Me lleno y me unto de tan deseada y exquisita fruta; quisiéndola devorar con pasión y ternura durante el día, pero salvaje y bruscamente por las noches. Porque más que saciar mi sed de sexo, me llena de amor, me hace sentir querido, amado.
sábado, 26 de enero de 2013
Sigue siendo Antonio Montano...
Traigo las huellas, pero sigo siendo el camino; traigo la piel, pero siendo el instinto; traigo el nombre, pero sigo siendo el cualquier hombre; traigo un roto en la camisa, pero sigo siendo la herida.
Ahora me doy cuenta qué me traigo a mí, pero nunca he sido yo. Aquel, el de las huellas, la piel, el nombre y la camisa trae una muerte, y sigue siendo Antonio Montano...
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